Hace un tiempo comenté en un post sobre productividad con IA: “La IA es como el suero del súper soldado - no te hace 20x más eficiente, amplifica lo que ya traes dentro.”

Lo escribí pensando en código. Un desarrollador con buenas prácticas más IA produce código más limpio, más rápido, mejor documentado. Pero un desarrollador descuidado más IA… bueno, eso son bugs a escala industrial y deuda técnica que crece exponencialmente. La IA no arregla la falta de disciplina. La amplifica.

Y luego me quedé pensando.

Después de más de 20 años en esta industria, me di cuenta que esto no es solo sobre código. Es sobre organizaciones enteras.

El suero del súper soldado

Si conocen los cómics de Marvel, saben cómo funciona el Suero del Súper Soldado: amplifica lo que ya existe en la persona. Steve Rogers era valiente, empático, íntegro - el suero lo convirtió en Capitán América. Johann Schmidt (Red Skull) era cruel, narcisista, sediento de poder, el suero lo convirtió en un monstruo imparable.

El plot twist era que el suero no creaba héroes ni villanos. Revela y amplifica lo que ya estaba ahí.

Y resulta que la IA funciona exactamente igual en las organizaciones.

Una decisión que la IA nunca habría tomado

Recuerdo que tenía programada una entrevista de una hora con alguien postulando para un puesto de líder técnico. Media hora antes, me avisa que tiene un tema de trabajo urgente y solo puede conectarse 30 minutos.

En esa época le contaba todo a Claude — cada situación, cada decisión — para aprender a usarlo. Le conté esto y me respondió: “Ok, tenemos 30 minutos. Ajustemos la agenda, reduzcamos las preguntas, maximicemos la eficiencia del tiempo disponible.”

Pero algo no me gustaba: esta persona ya está nerviosa por la entrevista. Ahora además tiene que avisar que no puede cumplir con el tiempo completo - probablemente está ansioso, tal vez sintiéndose culpable, preocupado de dar mala impresión. Hacer una entrevista apurada en esas condiciones no me va a dar una imagen real de quién es ni de su potencial.

¿Mi decisión? Reagendamos para un momento donde pudiera estar cómodo y enfocado.

¿Fue menos “eficiente”? Según un dashboard, sí. Perdimos tiempo en el calendario.

¿Fue lo correcto? Absolutamente.

Y aquí está el punto: Claude optimizó el proceso equivocado. Maximizó el uso de los 30 minutos disponibles, pero perdió de vista el objetivo real - conocer genuinamente a la persona y darle la oportunidad de mostrar su mejor versión.

Esto es exactamente lo que pasa cuando amplificamos una cultura que ya perdió de vista qué es lo que realmente importa. Y hoy, la mayoría está subiéndose al barco solo por miedo a quedar fuera.

Los patrones que he observado

He visto organizaciones implementar IA esperando una transformación mágica. Pero cuando la cultura ya tenía problemas, la IA no los arregló. Los escaló.

Déjenme ser específico sobre los patrones:

He estado en organizaciones donde el CEO comentó que le gustaría explorar una dirección diferente. En 48 horas, ese comentario se había convertido en prioridad. Un equipo trabajó de amanecida un fin de semana. El plan se desvió totalmente sin que nadie lo cuestionara abiertamente.

En lugares donde las métricas lo son todo, cuantifican “productividad” sin capturar burnout, sin preguntarse si están quemando a las personas.

En culturas donde ya evitan conversaciones difíciles, ahora un algoritmo “toma decisiones objetivas” como una pobre excusa para evitar responsabilidades. “No fui yo, fue el sistema.”

Ahora imagina esa misma dinámica con IA tomando decisiones de negocio. El modelo no va a cuestionar. Va a optimizar en la dirección que le señalen — más rápido, con más datos, con más confianza. La cámara de eco, a escala industrial.

La IA hace todo esto más rápido, más eficiente, más “objetivo”. Pero no lo hace más correcto.

Pero también he visto el otro lado

Cortemos un poco el drama. He visto organizaciones con IA haciéndolo mejor:

Durante mucho tiempo fui el único arquitecto en una organización que crecía más rápido de lo que yo podía abarcar. La IA no resolvió eso pero me ayudó a multiplicar mi presencia sin perder lo que importaba: que los equipos pensaran por sí mismos, que las decisiones tuvieran dueño, que la arquitectura fuera conversación y no una orden.

Y de eso se trata: organizaciones con culturas saludables pueden usar la IA para tomar decisiones más informadas, liberar tiempo y enfocarse en lo que realmente importa: entender problemas complejos, apoyar crecimiento humano, construir relaciones significativas.

La diferencia no fue la tecnología. Fue lo que había antes de la tecnología.

La pregunta real

Entonces, para los líderes que están implementando IA en sus organizaciones, la pregunta no es “¿qué herramienta deberíamos usar?” es: “¿Qué vamos a amplificar?”

Ninguna IA va a cambiar eso.

¿Y quién dirías que representa mejor a tu organización? ¿Steve Rogers o Johann Schmidt?


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